La escuelita de doña Dora

Actualizado: 2 ene 2021

Soy hija de una madre trabajadora. Recuerdo a mi mamá en casa por temporadas, pero también recuerdo haberla ido a buscar al Colegio cada tarde y esperar que saliera de la oficina. También recuerdo a don Pablo, el conserje de la oficina del Departamento de Ingeniería Civil, quien siempre traía bolsas de papel de estraza con vasitos de café y mayorcas de la cafetería del Colegio. Cuando huelo esas bolsas hoy mi mente se transporta a la mesita donde merendábamos con mi mamá.


Recuerdo que mi mamá también fue una emprendedora. Siendo ya jóvenes mi papá perdió en varias ocasiones su trabajo. Recuerdo esas etapas de inestabilidad. Luego que tuve mi propia familia, no puedo ni imaginar el susto de mi mamá con dos hijas en proceso de universidad. Estoy segura que de esos desvelos le salió la idea. Nuestra casa de madera tenía un patio grande, un cuarto de desahogo cómodo y lo mejor: éramos vecinos del Colegio del Carmen. Y… el Colegio del Carmen no tenía kínder.

Con inteligencia y empeño mi madre se ideó un cuido que era en regla una escuelita informal. Mi mamá era una maestra natural. Todos los niños que llegaron a sus manos salían sabiendo leer. Mi propio hijo cuando entró al kínder formal ya sabía leer. Me parece recordar el proyecto familiar.


Pronto llegaron a la casa unas mesas largas de madera y un montón de sillitas diminutas. Las trajo un amigo de la casa y en el trabajo de remozarlas participamos todos. Recuerdo la cara iluminada de mi mamá. El orgullo se le salía por los poros al ver su idea convertida en algo tangible.


Cada año, durante un periodo de 15 años o más, “La escuelita de doña Dora” preparó entre 25 y 40 niños y niñas. Sus tres niet@s estudiaron con ella y en el Carmen empezaron a dar preferencia a los niños y niñas que salían de sus manos. Iban súper bien formados con todas las destrezas y más.

Mi mamá

Con su esfuerzo y empeño mi mamá nos dio una mejor vida. Pero con su trabajo y sudor mi mamá se hizo económicamente libre. No puedo decir que mi papá mantenía a mi mamá. Durante muchos periodos el sustento de mi mamá fue la entrada más segura y fuerte de la casa. Mi mamá me enseñó la ruta del trabajo duro, pero liberador. Mientras todas sus amigas eran amas de casa “felices”, mi mamá se levantaba cada día a iniciar su doble jornada. Mi mamá fue siempre mi ejemplo. Su trabajo honrado, comprometido e incansable fue admirado y respetado por mucha gente. En nuestra familia, la idea de mi mamá fue un motivo de orgullo; su camino de autoafirmación iluminó el mío.


Para muchas mujeres el trabajo es liberador.


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