¡Buen trabajo, Mary y Leandro! Aprendiendo con nuestrxs ancestrxs.


Comparto con ustedes la maravillosa sorpresa que me regaló S. Damary Burgos una mañana. Es la voz del niño Leandro Luciano Sefranek Potter, hijo de una colega del Departamento de Inglés del RUM – Mary Sefranek- y ahijado de Damary. Resulta que su mamá le cuenta Compay Araña y el buey y Leandro, para orgullo nuestro, se inserta, desde ya, desde pequeño, en la cadena de transmisión de estos estribillos cantando, como nadie, la cancioncita del Compay Araña, el ábrete sésamo que Araña aprendió para encontrar la carne del buey que su Compadre le había mostrado.


Todas las ocasiones en que me han invitado a hablar sobre los cuentos folclóricos afropuertorriqueños lo que más sorprende es la parte en que conversamos sobre los estribillos, no mucha gente sabe de esta característica de los cuentos. Yo, en Puerto Rico, tuve la dicha de escuchar a mujeres y hombres cantar coros, cancioncitas (por lo breves) que, en ocasiones, se asociaban con personajes específicos o que servían para adelantar, anunciar o marcar la trama. Estribillos que se conservaron en lo que podrían ser remanentes de lenguas afrocriollas y cuyos significados sus narradores y narradoras desconocían. Compartimos eso con los pueblos igbo, mendé, yoruba, ashanti, cubano y haitiano, entre otros. Son los momentos de mayor participación del público, porque son las partes del cuento que les toca a quienes escuchan el relato. Tanto en Puerto Rico, como en los otros lugares donde ha existido esa tradición, las personas que los narran se aseguran de que su público sepa esos estribillos o los aprenda y entienda en qué parte del cuento les toca participar. Así lo vi y aprendí en el Barrio Mosquito de Salinas de boca de don Ovidio Feliciano. Otra responsabilidad del público es, además de estar atento, palmotear mientras hace su parte con el coro.


Gracias a Leandro, a su mamá Mary y a su madrina Damary, tenemos la oportunidad de imaginar una nueva generación relacionándose con esta tradición, disfrutándola y traspasándola. ¡Qué buena noticia! ¡Qué lindo regalo! ¡Disfrútenlo!




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